Leonor Barreiro forma parte del proyecto Rita Smirna en el que se desarrollan diferentes trabajos explorando la técnica del bordado, además de participar de muestras colectivas e individuales mostrando sus obras. Desde el 2011 dicta el Taller de Básicas en Sala Formosa.
Laura Morales es diseñadora gráfica. Cursó talleres de dibujo con Mariana Sissia, ilustración con Silvia Mato y pintura con Cora Mayer. Participó de muestras y proyectos colectivos de bordado. Actualmente se encuentra investigando nuevas puntadas y realizando distintos proyectos textiles a los que aplica sus propios bordados.

Andrea Servera es artista de danza. Baila, dirige proyectos escénicos, experimentales y video danza. Coordina proyectos de arte y transformación social. Es directora del Festival de la Ciudad de Buenos Aires. Hace tres años que borda, y ha realizando muestras individuales y grupales.

Adriana Torres estudió Arquitectura y Diseño Gráfico en la UBA, Dibujo y Pintura en Villa Mecenas con Rodolfo Bianglino, Ilustración con Silvia Mato.Realizó diversos talleres en el IUNA, entre ellos Instalaciones con el arq. Clorindo Testa y Escultura con Raúl “Pájaro” Gómez.








Barreiro-Morales-Servera-Torres

EXPOSICIONES

Destiempo

10.10.2012 a 30.10.2012



"Destiempo" es un conjunto de obras realizados por artistas que participaron del taller de bordado dictado por Guillermina Baiguera en la vecina galería "Formosa". La exposición se encuadra en los objetivos de la Fundación´ace para el Arte Contemporáneo que busca dar posibilidades a artistas argentinos de exhibir su producción bajo un proyecto curatorial de "diálogo" con el artista en residencia invitado, en este caso Peregrine Honig
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En 1984, cuando Rozsika Parker publica “La puntada subversiva: el bordado y la construcción de lo femenino” los principales obras del Feminismo Temprado norteamericano ya se habían realizado, entre ellas la famosa “Dinner Party”, la monumental instalación de Judy Chicago (en su época rechazada y hoy con toda una sala diseñada especialmente para su exhibición en el Brooklyn Museum). Si embargo, el libro fue la primera y –posiblemente mejor investigada- reflexión sobre el uso del bordado (tradicionalmente visto como una “artesanía” femenina) en un contexto de arte feminista y sobre su apropiación como instrumento cultural y político. Parker hizo esto al arrojar luz sobre una larga historia del gusto guiado por los estereotipos de género (mujeres que pintan vs hombres que pintan) y quizás, más radicalmente, señalando la complejidad de estos para mirar-clasificar las técnicas/artesanías usadas en la construcción de la obra de arte. 

Cuando me acerco a un grupo de mujeres que utilizan el bordado para expresarse no puedo dejar de referirme a este comienzo del uso del bordado en el arte contemporáneo como expresión de un discurso de género.  Sin embargo llama la atención que, en nuestra charla previa a la exposición, ninguna de las artistas (que vienen de los campos del diseño gráfico, la arquitectura y la danza) se identifique con estos discursos y que todas hablen del tiempo del bordado como un “destiempo”: un tiempo fuera del tiempo en el sentido positivo del término, un momento de introspección para la que lo realiza así como también para las historias que se cuentan. Al contrario de la exposición de Peregrine Honig (para la cual se buscó un “diálogo” con artistas locales) la belleza de la superficie bordada (en el caso de Peregrine “grabada”) no produce inquietud en el espectador (o si?) y nos lleva a mundos íntimos, sutiles, diminutos, oníricos, naturales en los que la técnica es exquisita y mediante la cual esta generación de mujeres jóvenes – 50 años después que sus antecesoras abrieran estos caminos- no necesitan justificarse para trabajar y deleitarse con hilos, sedas y puntadas.ALICIA CANDIANI